Érase una vez

Se podría comenzar con "Érase una vez...", porque esta tierra formaba parte de la granja de mis abuelos, posteriormente gestionada por mi tío.
Una historia centenaria que se interrumpió cuando falleció mi padre, ferviente defensor de la vida en el campo y sus principios.

Y aquí surge con fuerza la idea de trasladarnos a la casa familiar para dar vida a un nuevo proyecto... o antiguo... porque seguramente ninguno de los hombres que trabajaron esta tierra habría querido abandonarla después de todos los sacrificios realizados. Aquí estamos, catapultados a una nueva realidad, desde el Piamonte a Cerdeña con nuestro bagaje de experiencias y nuestra carga de colmenas. Comenzar un nuevo camino asusta, pero después de cada paso que damos nos damos cuenta de lo peligroso que es quedarse inmóvil

Nosotros somos los que todavía se quedan fascinados admirando la naturaleza, pura, indomable, atractiva. La emoción que sentimos estando desnudos ante ella nos regenera, la energía que nos transmite es totalizadora pero es importante entrar en simbiosis con ella para comprender cuán ligera debe ser la mano del hombre sobre ella. Somos los custodios de este pequeño ecosistema, tenemos cuidado de mantener su equilibrio.

Estamos encantados de acogerles en nuestro "Edén" para hacerles comprender realmente cuán importante es para nosotros la conexión con la naturaleza que nos permite crear un producto de excelencia que podréis degustar sumergiéndoos en plena armonía (podéis quedaros también vestidos pero... os perderíais un poco de magia...).

¡Pues bien! Somos diferentes de mis antepasados, somos la evolución de un pensamiento: ama la tierra, respétala, pero sobre todo disfrútala.

Simone y Diana